
Elí, Elí, Lamma Sabactani
que estoy menguando
que no veo lo que soy.
Elí, mar oculto
que te envuelves en la desaparición arrebolada
que me olvidas.
Y yo, taciturno conspicuo
pregunto si a salvo podré desvalijar estos peñascos
estas sombras furibundas
audales ríos rojos en solitario.
Podré. Aún si está mi destino exiguo
mortandad de súplica
y esa feroz alevosía de los perros.
Lamma sabactani, Oh Elí
cielo gris violáceo que tiende a terremotear
que está en la esfera inocua de esta tierra
y en mi hastío.
Redoblando fuerzas pierdo el alma
te he buscado en todos los desiertos
en todas las letanías llorosas
en las pasiones expirantes.
Aquí el polvo yace muerto, procúrame un sigilio.
Lamma
reducto infame de esta muerte
Sabactani
escabrosa caminata hacia la voz desdeñada.
vinagre en mi boca, tormento de esta cólera del mundo
huele mi sangre acuosa a reino incandescente.
Elí, este polvillo marchito de mis huesos
busco entre mis gritos tu murmullo.
Lamma, Lamma Sabactani.
"Cristo" de Joaquín Moragues.
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